Escena 1.
Día de semana, por la tarde, zona de Once.
Luego de salir del trabajo y viajar durante 40 minutos, paso por el supermercado a comprar algunas cosas y estoy volviendo a mi casa.
Faltando apenas una cuadra para llegar, asisto a la siguiente escena, a 2 o 3 metros de distancia de donde yo estaba.
Tres personas, dos mujeres y un hombre, todos de alrededor de 50 años de edad, vienen caminando y hablando animadamente entre ellos. Vienen caminando uno al lado del otro, con lo cual ocupan prácticamente tres cuartas partes de la vereda. Caminan prestándose atención sólo a sí mismos, sin importarles quiénes vienen caminando de frente o quiénes les pasan por el costado, y sobre todo, sin importarles por dónde ellos mismos están caminando, por dónde ellos mismos están pasando. Y de repente se detienen, mientras siguen hablándose animadamente entre ellos, sin mirar hacia adelante (o sea, sin prestarle la más mínima atención a nada ni a nadie más), se detienen quien sabe por qué, tan sólo porque se les antojó. Se detuvieron en la vereda de un comercio, a un metro de la puerta del mismo.
En ese mismo momento, una muchacha joven, empleada de dicho comercio, estaba parada en la puerta, escoba en mano, para barrer unos papeles de la vereda. Viendo que esas tres personas se quedaron detenidas a un metro de distancia, ella comienza a barrer, a quitar los papeles de la vereda. En ese mismo momento, esas tres personas reanudan su marcha, sin importarles que delante de ellos haya alguien con una escoba sacando la suciedad de la vereda; y una de esas tres personas, una de las dos mujeres, lanza: "Pará, nena, que estamos pasando".
Imaginen esas 5 palabras dichas con la mayor carga de soberbia que puedan imaginar, y a eso agréguenle aun más soberbia. Porque ése fue el tono con el cual fueron dichas esas palabras.
La muchacha no les pasó la escoba sucia por los pies a esas tres personas; al contrario, las vio venir y esperó a que pasaran, pero como se detuvieron, decidió dar unos escobazos rápidos estando ellos a un metro de distancia, previendo que ellos podrían reanudar su marcha en cualquier momento, y haciendo lo que es sentido común, aprovechando que los otros se detuvieron por sí mismos y a suficiente distancia.
Esas tres personas igual pasaron caminando en línea recta, cuando perfectamente podían haber hecho tan sólo un paso hacia el costado para evitar a la muchacha y su escoba, que ni siquiera los tocó.
Esas tres personas venían caminando pero se detuvieron porque sí, sin razon alguna, ocupando tres cuartas partes de la vereda, en una zona donde permanentemente durante el día hay mucho tráfico de gente caminando por las veredas. Por supuesto, por hacer eso, molestaron a los que venían caminando desde atrás y de frente. Y no estaban caminando por Puerto Madero, Núñez, o cualquier zona "top" de la ciudad. No, estaban en Once!!! Y sé lo que es esta zona porque vivo desde hace 20 años exactamente a 100 metros de distancia de donde sucedió esto.
Y despues una de esas tres personas (¿personas?) escupió esas palabras con la mayor carga de soberbia de la cual era capaz. Y sin tener siquiera un poquito de razón, al contrario, si había alguien que estaba errado en todo en esa escena, eran esas tres personas.
Escena 2.
Un día cualquiera, en cierta red social muy popular en todo el mundo, cuyo nombre comienza con F.
Tiempo antes, alguien me agrega como amigo, y yo acepto el requerimiento porque lo conozco de un foro desde hace unos años, y compartimos algún que otro interés común en cuanto a ciertas series de televisión.
Como a todos los que agregás como amigos en esa red social que comienza con F, les ves lo que postean en su "status" o como carajo se llame.
La cuestión es que este "amigo", muy norteamericano aunque con apellido absolutamente latino, postea (en inglés, su idioma) una breve opinión política de no más de dos renglones. Hasta ahí, todo bien, o eso parecía. Ya de por sí sus palabras, sin ser ofensas claras y directas, expresaban una opinión bastante tendenciosa en contra de su propio presidente.
Y en uno de los comentarios a dicho post, alguien de su mismo apellido latino (aparentemente familiar directo), menciona (también en inglés, su idioma), como si nada: "si tan sólo dejáramos de dar atención hospitalaria a los ilegales, ahorraríamos muchísimo dinero. Tan pronto como lleguen a la sala de emergencias, que los traten y que luego los deporten".
Cuánta mierda hay en esas palabras.
Aclaro antes que nada, que no hablo de la situación política o económica de su país, ya que no vivo en el mismo y no tengo manera de saberlo de primera mano. Este post no se trata de eso.
Por empezar, ya desde antes dieron señales bien claras de que odian a su presidente porque es de color. Y son gente que llevan un buen pasar, cuya definición de "buena vida" es estar sentados en la puerta de su casa en su buen barrio en una tarde soleada de verano navegando por Internet desde su iPhone o cualquier otro aparato similar. Se oponen a los cambios en el plan de salud norteamericano que quiere hacer su presidente, porque ya no sería sólo para ellos, sino que incluiría a mucha otra gente que lo necesita, muchos de ellos no son para nada ilegales. Pero eso es lo que estas dos personas piensan, todo extranjero es ilegal, es invasor porque toma recursos que según ellos deberían ser destinados a ellos mismos. Lo peor de esto, es que el dinero que supuestamente se ahorrarían según señala esta persona, no es tanto. No haría diferencia. Aun si se hiciera lo que a estas dos personas tanto les gustaría (borrar del mapa a todos los que no sean como ellos), el supuesto "ahorro" sería mínimo y no haría diferencia.
Y no hace falta decir nada acerca de la carga de racismo cuadrado que tiene ese comentario.
No soy ningún santo (shit, con esas palabras me estoy pareciendo a Berlusconi) ni pretendo serlo; y no soy ningún hipócrita. Todos sabemos muy bien que esta clase de cosas, las que se describen en la "Escena 1" y en la "Escena 2" son bastante familiares para muchos de nosotros, son cosas que suelen surgir en conversaciones con los amigos, en la propia casa, en un bar mientras se toman unos tragos, o en el entorno familiar; independientemente del color de piel o del status social o de la ubicación geográfica. Pero para la mayoría de la gente, no sale de ahí. No lo llevan hacia afuera, no lo expresan porque realmente en ellos no pasa de una cuestión de simple comentario entre amigos. Inclusive, aquel que sí esté convencido de esas palabras, pero es inteligente, se las guarda, a lo sumo las comenta en privado, jamás lo hace en público.
Estas dos escenas muestran dos cosas.
Una, que ciertas cosas suceden tanto en el tercer mundo como en el primer mundo.
La otra, es que hay una sola clase de persona que sí eleva eso mucho más allá, hasta el nivel de la soberbia.
Y esa clase de persona es la mierda humana.